La condena de vivir 100 años en soledad
La música o los productos audiovisuales alimentan esta imagen colorida de la colombianidad y ni hablar de las redes sociales y el turismo sexual, que se lucran con vender esta imagen exacerbada. No obstante, en la literatura nos encontramos con aquello que subyace tras los cantos apasionados, tras los acordeones, las arpas, los tambores, las cajas, las gaitas o las flautas; nos encontramos con una melodía que nace en las profundidades de los páramos, de los bosques, de la selva y de los nevados. Una melodía que huele a tierra, a lluvia, a polvo y a agua, una melodía que nos canta al olvido que lleguemos a ser, a las heridas llenas de peces, a los nocturnos, a la patria y a otras ruinas, todas con algo en común... La soledad.
Los años de la conquista, seguidos por la revolución, la violencia y las guerras son el origen de la hoy llamada nación. Una nación en la que año tras año vuelve a suceder algún evento que marcó la historia del siglo pasado, cada mes repite las desgracias de la década anterior, casa semana se perpetúa la reiteración rutinaria de las catástrofes del año previo; somos la viva representación de la naturaleza cíclica que nos devora cual agujero negro. Olvidamos el pasado, perdidos en divagaciones solitarias que nos alejan de la realidad, de tal forma que el presente se encarga de regalarnos un recordatorio de cómo será nuestro futuro retratando acontecimientos del pasado.
Cada acontecimiento nos enfrasca en un torrente de soledad que nos impulsa a repetir esos mismos acontecimientos; ciclos y repeticiones. Viviendo en un absurdo de abandono se puede entender que la soledad se extienda más allá de la propia vida de un individuo, que se extienda a los 100 años de soledad.
Palabras tristes y escritos sin sentido de PandoraHao


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