Dios está en la lluvia

Cada estación traía consigo un sentimiento diferente. Primero fue el declive del verano; tan cálido y vívido, lleno de emociones, confusiones e ilusiones, estaba marcado por el sudor, el goce y la melancolía por su fin. Tras este llegó el otoño; que, aunque era tremendamente soleado, su fría brisa penetraba con facilidad las múltiples capas de ropa sobre la piel, haciendo de acompañante perfecto para el desasosiego que la temprana distancia había implantado en el corazón. Con las semanas, el viento helado trajo las primeras nevadas anunciando la llegada del invierno que, si bien era gélido y oscuro, reflejaba con su blancura la inocente ilusión de la espera y la emoción de una llegada anunciada. Aún cuando las gotas de lluvia se congelaban antes de caer en un suelo cubierto por hielo, no existió un impedimento para disfrutar las largas caminatas nocturnas. Con rapidez llegó la primavera, una nueva transición, un nuevo cambio, lleno de vida, de colores, de flores, pero con un gris ulterior… un gris sin agua, sin quietud, que anunciaba nuevamente la distancia.


Entonces, finalmente, llegó un nuevo verano, uno que lentamente aumentaba más y más la temperatura, rompiendo al igual que años anteriores un récord grados alcanzados. Sin embargo, fue un verano lluvioso, muy lluvioso. Y sólo faltó que una propuesta intrusiva saliera de su boca para que él, sin titubear, alentara su infantil impulso tomando dos toallas delgadas y abriendo la puerta con entusiasmo para descender aquellos ocho pisos. Sus rostros sonreían excitados sin saber exactamente si la causa era la complicidad de aquella travesura, el revivir la ilusión infantil de jugar bajo la lluvia o el anhelo de refrescarse en el asfixiante calor veraniego.

Las primeras gotas se sintieron como hielo en la espalda, pequeños jadeos se escaparon de sus bocas ante el choque de temperaturas con sus cuerpos. Pero, a medida en que la torrencial lluvia caía, el frescor del agua les entregó un exquisito aliento refrescante. Caminaron bajo la lluvia, tomados de la mano bajo las miradas curiosas que los seguían entre risas y enternecimiento. La conversación, hasta cierto punto intrascendente, los unía en una confidencia nostálgica. Tantas tristezas, tantas cicatrices, tantos miedos, tantos arrepentimientos que se desvanecían entre sus palabras y el agua que caía a cántaros. Cada gota de lluvia refrescaba y limpiaba sus cuerpos, cada palabra aliviaba el peso de sus vidas y cada caricia, cada beso, reconfortaba y daba vida a los amantes que buscaban sobrevivir.

Fueron eternos bajo la lluvia, y la lluvia fue eterna en su finitud. Y en un ciclo que no termina llegó el otoño, esta vez con esperanzas, esta vez con incertidumbre, aunque sin la lluvia de su presencia, sólo a la espera de su llegada.




Palabras tristes y escritos sin sentido de PandoraHao

Comentarios

  1. (...)
    "Je reviendrai à l'aube au mois d'octobre
    Me souvenir, fébrile du mois d'avril
    Dans la nature et ses couleurs sobres,
    Rire du temps d'avant du 'Qu'en est-il?' "
    (...)

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