Dualidad
Entre la necesidad de aislamiento y el deseo de sentir un abrazo se encuentra, tal vez, una de las mayores batallas internas del ser humano. Esa dualidad entre la necesidad de soledad y la necesidad de no sentirse solo.
Es difícil de entender, eso lo sé. Nos aislamos inconscientemente, dejamos de relacionarnos con nuestro entorno físico a pesar que nos hagan sentir bien, pues hay un peso en lo profundo de nuestros corazones que nos grita e insta a alejarnos del calor humano. Nos enclaustramos más y más en la penumbra de nuestras cuatro paredes que inicialmente eran nuestro refugio, pero lentamente se transforman en una cárcel cuya oscuridad se densifica a medida que nos hundimos en la necesidad de soledad.
¿Cómo reconocemos eso? ¿Cómo logramos ver que ese cansancio, esa desmotivación, esa falta de fuerza son la tristeza que cargamos en el pecho? ¿Cómo actuar a tiempo frente a la pesadez y la incomodidad? No es fácil verlo, no lo es. Encerrados en nuestra mazmorra de autocompasión creemos estar seguros, seguros del daño que nos puedan hacer otros, seguros del daño que podamos causarle a otros… Más lejos de la realidad no podemos estar, nuestro interior lo sabe. Por eso sonreímos aunque nos quebremos por dentro, por eso somos gentiles para quienes muestran su debilidad, porque con otros entendemos que en la vulnerabilidad se esconde la fuerza de afrontar la tristeza. Sonreímos y damos fuerza a otros, pero nosotros nos aislamos, deseando esa misma sonrisa que a otros damos… nos aislamos.
Una sonrisa, una palabra amorosa, un abrazo, la calma; algo en nosotros lo rechaza, como si no mereciéramos eso que queremos y necesitamos. Creemos no merecer el amor, y cuando este llega a sanarnos, de alguna forma duele, duele aunque lentamente nos ayuda a sentirnos mejor. Es esa magia, esa medicina que gracias a la tristeza se torna agridulce en los primeros sorbos. Te hace toser, te saca con lágrimas lo que está haciéndote daño por dentro y cura, cura la heridas. Sin embargo, en el proceso de curar, queremos seguir huyendo, escapar a sanar y a afrontar el dolor, pues perdemos el control de lo que sentimos y tememos depender de otros, tememos lastimar a otros, tememos perder a otros.
Si mis palabras logran llegar a aquellos que sanan: perdón, perdón por ser tan débil y alejarme porque siento dolor, perdón por parecer cruel cuando en realidad siento que no merezco tanto amor, perdón por no saber qué decir o cómo actuar, perdón por no hacer algo diferente a llorar… perdón.
Si mis palabras logran llegar a aquellos sanando: no estás solo, tu dolor no es insignificante y tu compañía es valiosa, es especial, es importante. Mereces el amor que te ayuda a sanar, mereces esas palabras sinceras y desinteresadas que se sienten extrañas, mereces que la tristeza se vaya. Por ahora sólo puedo instarte a ser fuerte y que no sucumbas al silencio; habla y deja que las lágrimas fluyan mientras un abrazo te resguarda del frío doloroso… No sucumbas, por favor.
Palabras tristes y escritos sin sentido de PandoraHao


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