Aquella reina de copas


Una carta, una idea, un mensaje. 


Ella solo observaba la misteriosa carta, que envuelta en un halo de misticismo le hacía llegar una idea a su cabeza: amor. Esa ternura que todas las noches le sacaba una sonrisa antes de dormir, esa misma que arropaba su dolido y frío corazón al despertar el sol, la desvelaba entre suspiros, sonrisas y llanto.

Así que, embelesada por esa figura de azul vibrante, recordó su sonrisa cautivadora arrugando su nariz y resaltando sus pecas bajo esos oscuros ojos brillantes como solo las estrellas pueden ser. Ahí volvió a sentir ternura, fue como un pinchazo en un lugar recóndito de su tristeza, un pinchazo que la hizo sonreír con calma, con alegría, mientras un pequeño instante de euforia se asomaba por sus ojos. Parecía imposible que esos sentimientos estuvieran ahí, pero lo estaban.

La delicadeza de las rosas blancas sobre la arena le recordaron a sus caricias, pues de alguna forma su toque delicado apaciguaba la tormenta de emociones que oprimían su pecho; deseaba llevarlo con ella, deseaba quedarse, deseaba irse, deseaba abrazarlo y ser abrazada, deseaba ser abrasada por las llamas que lentamente se iban expandiendo en su corazón.

También estaba la mirada triste de la reina de copas, era su misma mirada. Una mirada que, aunque hermosa, ocultaba dolor, miedo y desesperanza, cargando un sin sabor ante la vida que le recordaba los dolores que ella misma ha cargado a lo largo de la suya; eran tan parecidos, tanto, que ella sólo lo miró con dulzura y acarició su mejilla, esperando llevarle un poco de la esperanza y la paz que él le había regalado, una esperanza que llegó como la brisa que mueve suavemente los plateados cabellos de aquella triste reina.

Lo último que llamó su atención fue la copa cerca de sus labios, como parece acercarse con lentitud, al igual que con él, pues le aterraba la idea de caer en una ilusión, ya que sabía que de aquella no podría salir y, sabiendo lo que podía significar, se dejó llevar de su ternura, su calidez, su dolor, su tacto y su pasión.

Ahora solo observaba la misteriosa carta, que envuelta en un halo de misticismo le hacía llegar una idea a su cabeza, era el mensaje que le dejaba aquella reina de copas.



Palabras tristes y escritos sin sentido de PandoraHao

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