Macht

Es una sensación excitante, siento cómo se eriza mi piel con cada suspiro que ella suelta. Tiemblo y
sonrío, es inevitable para mí. Siempre imaginé este momento con claridad, pero ni el más lúcido sueño se compara a ésto. Está muy lejos de igualarse a la realidad.

Ella está ahí, con sus brazos atados en su espalda, arrodillada, desnuda, completamente atada y con sus ojos cubiertos por una tela negra que le impide ver hasta el brillo del sol. Aunque no hay sol a nuestro alrededor, sólo una densa oscuridad acompañada de un frío penetrante. Cada vez que siente cómo me acerco, un fuerte escalofrío recorre su cuerpo y es obvia su necesidad de moverse, pero las ataduras en sus brazos y su posición arrodillada se lo impiden. Me acerco a su oído y soplo suavemente. Ella salta sorprendida, por ese brusco movimiento cae sobre su brazo derecho y grita. Yo la observo extasiada. 

Me posiciono cautelosamente frente a su rostro y exclamo un simple "buh". Ella grita, o bueno, emite algo parecido a un grito, pues el miedo que siente la dejó con un hilo de voz. También llora, desde hace un rato se encuentra llorando, pero al verla tirada en el suelo, resalta aún más su desesperación. La obligo a levantarse y, gracias a sus amarres y unos ganchos que había preparado para ella, su cuerpo queda suspendido en el aire. Me muerdo los labios sonriendo y salto de alegría, una actuación muy infantil de mi parte, parezco una niña.

Acerco mi sonriente rostro al de ella y aparto de sus ojos esa tela negra. Están brillantes, rojos e hinchados del llanto y ahora me miran con temor. Alzo mi mano derecha para pasar mis uñas sobre su piel, ella se ahoga y siente la herida que se va generando. Busca mantener su orgullo, pero al dejarme ver su llanto su orgullo se desvaneció. Tomo uno de mis cuchillos favoritos y lo acerco a ella, imagina que le cortaré la garganta ¡Qué inocente es! Mi cuchillo se acerca es a su mejilla y con mano habilidosa realizo un rote no muy profundo, uno perfecto para apartar con el cuchillo la piel de la carne. Ahora la escucho gritar, por eso agarro sus labios con mi mano izquierda y los corto con la derecha, lo que hace que llore aún más y sus saladas lágrimas le generen dolor al contacto con su carne. Su llanto, su dolor, son encantadores. Por este motivo continúo arrancando su piel, mientras ella muere lentamente en agonía y su sangre se derrama a mi merced.

Ah... amo tener el poder.


Cuentos tristes y escritos absurdos de PandoraHao

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