No hay aventuras para un ave muerta

Los barrotes eran blancos con ornamentos verdes, preciosos, brillantes, limpios. En el centro había un pequeño madero sostenido de dos cuerdas blancas, el cual permitía balancearse de adelante hacia atrás para sentir el vértigo y el viento. El panorama era entre blanco, verde y azul, el azul del cielo que llegaba a verse teñido de una sombra blanca, a veces grisácea. Era un pequeño lugar hermoso.

Más el tiempo corría y las hojas verdes se tornaban amarillas o rojas, cayendo lentamente en un zigzagueo  suave y preciso. No había brisa que impulsara la caída de las hojas, sólo un leve suspiro del viento que ni siquiera las hojas, en su agonizante caída, podían sentir. Tras el eterno descenso, las hojas se posaron sobre el suelo y sobre su cuerpo. Un cuerpo blanco pálido cuya vida parecía extinta hace ya mucho. Su canto no se escuchaba más, se había acallado aclamando su libertad, añorando y narrando aventuras que nunca vivió. Esas aventuras que creía viviría, pero que el tiempo le enseñó que eran sólo una ilusión.

Allí yace su canto, fosa fúnebre de los sueños que algún día añoró. Allí yace su cuerpo, tumba de aventuras que nunca disfrutó, pues no hay aventuras para un ave muerta.



Cuentos tristes y escritos absurdos de PandoraHao

Comentarios

Entradas populares