Susurros

Camino, camino, camino... Un largo corredor se tiende ante mí. Eterno, frío, imponente. Mis pasos carentes de firmeza se suceden lentamente, como si al realizarlos esperara algo, simplemente
esperara...

La puertas, decadentes tablones de madera rústica, se encuentran cerradas o son falsas, pues al abrirlas, no hay nada más que un muro tras ellas. Con cada paso que doy la cantidad de puertas se reduce, no hay otro camino.

Las ventanas son inexistentes, por ello no hay luz natural que ilumine el pasillo. Son unos bombillos superiores los que emiten una luz blanca que, a pesar de su intensidad, otorgan una sensación lúgubre al interminable camino. Además de eso, mis ojos se ven fácilmente agotados por el brillo, es como si el mismo me incitara a detenerme y no mirar más, sólo cerrar los ojos para finalmente no existir más. Sin embargo camino, sin importar el acotamiento y la falta de firmeza, camino, porque no hay nada más para mí sino caminar y encontrar una salida... Tiene que existir una salida.

Unas suaves palabras resuenan junto a mí, parecían llamarme, buscando hacerme regresar, pero no volteo. Puede que el camino sea idéntico y se extienda por ambos lados de igual forma, pero lo que tengo en frente es lo que me falta por avanzar, lo que se mantiene a mis espaldas es lo que ya he recorrido, no quiero volver a atrás. 

No doy más de cinco pasos cuando escucho otra voz que me llama, pero vuelvo a ignorarla. Las voces entonces se van repitiendo con cada paso que doy, llamándome, recordándome cosas que no quiero cargar conmigo nuevamente. Ya no es una o dos voces, son cientos y cientos las que me susurran, todas con viejas frases, con mi nombre, queriéndome hacer detener. Tantas voces y palabras al tiempo suenan como una inmensa cantidad de avispas persiguiéndome. Cubro is oídos con mis manos y cierro mis ojos desesperada. 

Correr... correr... sólo pienso en correr y alejarme de esos infernales susurros. La luz blanca se torna grisácea y el papel tapiz de las paredes parece desgastarse severamente. La madera de las pocas puertas que quedan se convierte en una acumulación de moho y humedad que se trasfiere a las paredes. 

Las voces, la oscuridad y la podredumbre se acrecientan... No más, no quiero más, no puedo seguir con éste dolor en mi pecho que en vez de mermar, se intensifica a causa de esos horribles susurros. Por favor, no más... no quiero seguir.

La última puerta, aún sin ser corrompida por la oscuridad y la humedad, es mi última opción antes de seguir por un pasillo interminable. Corro hacia ella sin miedo de estrellarme contra un muro. Aprieto la cerradura, abro la puerta corriendo y veo luz natural y un cielo despejado. Caigo y una paz indescriptible se apodera de mí a pesar del miedo al caer. Cierro mis ojos y caigo... sólo caigo...



Cuentos tristes y escritos absurdos de PandoraHao

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