Deseos

Una desesperación constante me agobia, no es dolorosa, no es agotadora, simplemente es desesperación. Muerdo la uña de mi pulgar, mirando hacia mi derecha, observando su ausencia, la cual me recuerda el frío que siento, contrastando con el calor que emerge en mí. Suspiro, dejando que un leve jadeo se escape de mi boca, diferente a los anteriores, pero deseando lo mismo.

Un escalofrío recorre mi cuerpo, haciendo que mis rodillas se junten con fuerza, mientras un sudor frío recorre mi espalda. Mi cuerpo se arquea como respuesta, cada parte de mí empieza a responder a mi desesperación.

Mis manos, tímidas, se escabullen bajo las sábanas de satén negro, rozando ese pequeño punto duro en mi pecho. Mis uñas aprietan suavemente las partes rozadas de mis pechos, obligándome a exaltarme suavemente. Mi mano izquierda, tal vez un poco más inquieta, recorre mis pechos, pasa por mi ombligo y sigue bajando hasta llegar a la fuente de mi calor. La yema de mis dedos acaricia con suavidad la textura de mis labios, para luego hacer que uno de mis dedos encuentre su lugar en medio del calor. La yema acaricia de arriba hacia abajo esa pequeña esfera que me obliga a apretar mis párpados y mis piernas. 

Ahora, mi respiración se va cortando lentamente y mi corazón late con una rapidez marcada con el ritmo del jugueteo de mi mano izquierda. Esbozo una sonrisa en tanto mi mano derecha decide unirse al calor de mi izquierda, sólo que estos dedos deciden explorar otro lugar. Delicadamente mi dedo me penetra, palpando de forma pícara las paredes de mi ser. Luego son dos dedos, que entran y salen a su ritmo, como contando...
Uno, mis músculos se contraen. Dos, un jadeo se escapa de mí. Tres, mis dedos están aún más profundo. Cuatro, la intensidad de las caricias de mis dedos obliga a mi voz a soltar un gemido. Cinco, te veo sobre mí, disfrutando de mi placer.







Cuentos tristes y escritos absurdos de PandoraHao

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