A las estrellas que no son de la muerte

A Carrie Fisher, cuya fuerza, perseverancia e inspiración dieron luz  a la persona que quería ser. 

Gracias.


Existen brillos letales, aquellos cuya intensidad pueden silenciar millones de voces, aquellos cuya fuerza tiene como único propósito la destrucción. Brillos enceguecedores, aturdidores que duran tan sólo unos segundos y son recordados con miedo por muchos años, brillos cuyo dolor queda enmarcado en los corazones como una cicatriz que parece nunca sanar. Es su intensidad y daño lo que hace que esos brillos sean eternamente temidos.

Sin embargo, hay brillos muy diferentes. Hay brillos que simulan ser tenues, que muchos pueden pasar por alto por unos segundos, pero, cuando reparan en su existencia, no pueden apartar su mirar. Ese brillo en particular tiene características difíciles de describir, ya que al relatar esas partes se forma una contradicción a lo que concebimos como lógico, pero así son muchas cosas que nos rodean, como ese particular brillo. Él es tenue, delicado y suave, pero cuanto más lo ves, más intenso se torna y, a pesar de su intensidad, no aturde ni enceguece, nos embelesa con su resplandor. Ese dulce e intenso brillo nos trae fuerza, nos da el ánimo de luchar batallas que parecen perdidas, nos muestra caminos en la oscuridad encaminados a un mejor mañana. Un brillo no egoísta, no destructivo que ha sufrido el silenciamiento de millones de voces que eran su hogar, pero que por encima del sufrimiento del silencio, alzó su voz y nos trajo una nueva esperanza.


Palabras sin sentido de PandoraHao

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