Una solución tentadora
Es una imagen difícil de olvidar ¿Cómo si no? Siempre me veo en la obligación de observarle
fijamente ya que mi casa tiene espejos por doquier. Es como un castigo divino y, sin embargo, aquí estoy, frente al mas grande de todos, mirando aquél reflejo deprimente que por años he llevado conmigo. Mis ojos se ven cansados de tanto llorar, cargan consigo una sombra roja y están tan faltos de brillo que parecen un dibujo sin terminar. Mi cabello cae como una cascada, teniendo una particular armonía mientras cae, pero al llegar a las puntas parece un desastre. Mis labios conservan el rojo que los caracteriza a pesar de la palidez de mi rostro. Qué desagradable mirada ¿Acaso no tienes sueños? ¿Esperanzas o deseos? No lo parece.
Mis manos tiemblan mientras mi mirada busca alejarse del vacío que se ve en el espejo, no quiero quedarme observándole eternamente.
Cierro los ojos y respiro profundo, es lo único que he podido hacer bien desde que nací, respirar profundo; para el resto de cosas no soy más que un desastre. Es ese el pensamiento que siempre recorre mi cabeza, lo desastrosa que soy y las pocas ganas que tengo de hacer algo.
Me temo, mis espectadores deben estar esperando que voy a hacer frente al espejo en éste momento en que mis ojos están cerrados, tal vez un monólogo absurdo sobre lo profundo que es el pensamiento del ser humano y su razón de ser en este mundo. Posiblemente esperan que me levante de la silla para que los observe a ellos a los ojos y les haga creer que son parte de este acto. Estoy segura que son tan ingenuos de creer que el rojo de mis ojos y la expresión que en ellos se dibuja es resultado de la actuación y de ensayos para ésto. Sólo puedo soltar una carcajada... Cuán ilusos son, no pueden darse cuenta que el director de la obra se encuentra mordiéndose las uñas de ira al ver que no he recitado mi linea. ¡Pobre hombre! Si al pasar del tiempo se hubiera dado cuenta lo poco que vale para mí ésto, lo insignificante que es todo para mí. Para mí, nada tiene valor o sentido, nada vale la pena... Nunca lo ha valido.
Abro los ojos para mirarme en el espejo, frunzo el ceño un segundo ¿Qué clase de diabólica broma me juega mi cerebro? Verme a los ojos, sin vida y sin un brillo de esperanza, cansados y desesperados mostrando, aún así, una mueca de una sonrisa maniática, como orgullosa de algo desagradable.
Observo a las pocas personas que me miran expectantes. Sus borrosas siluetas me hacen preguntarme cosas que tal vez en este momento no vayan al caso, sólo puedo decir que se ven tan sin vida como yo.
Respiro profundo nuevamente, aprieto aquél objeto de metal que se encuentra en mi mano derecha. Me miro al espejo, aún con esa sonrisa escalofriante, aprieto mis dedos.
Lo único que perdura, es el eco de aquél estruendo.
Cuentos tristes y escritos absurdos de PandoraHao



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