Sobre triturar corazones con tus propias manos

Unas cuantas palabras tristes, un dolor en el pecho y sólo queda silencio; es mejor terminar con orgullo en el rostro que suplicando por tu vida. Luego llega ésta brisa helada, haciendo que mi piel se erice y mi respiración tiemble, aunque a decir verdad ¿Qué importancia tiene? No siento nada, si quiera me importan el frío tan fuerte que hace. 
Caminado, y deteniéndome, siento un poco de calor; me veo obligada a entender el frío que me rodea y me lastima. Entonces, siento el calor de su abrigo, una caricia en mi rostro y, finalmente, un apasionado beso. Por un momento, por un maravilloso momento, el dolor desaparece.

-Somos tontos los humanos ¿No crees? - Sonrío observando el suelo.

Él me mira extrañado, mientras acaricia mi rostro y mi cuerpo con ternura, empujándome hacia él, haciendo que seamos uno. Una agradable y emocionante sensación de éxtasis. Me tiene atrapada en sus dedos, en sus labios, mientras sigue existiendo una sensación extraña en mi pecho.
Un suave ruido me despierta un poco del éxtasis; que absurda cadena de sentimientos. Lo único que me queda es reír, si pudiera a carcajadas, lo hacía. Él sólo me observa, alagado por mi color rojo en las mejillas y mi sonrisa.
Mi último movimiento es suspirar, mientras mi mano derecha se entierra en mi pecho. Es un dolor intenso que no me permite respirar con tranquilidad, el lado bueno, es que tan sólo dura un segundo. El segundo en que mi corazón, brillante y palpitante se encuentra en mi mano, como una piedra preciosa, un rubí. Lo extiendo hacia él, quien lo mira extrañado.

-Por favor... Has lo que es necesario, pero hazlo.

Él lo toma entre sus manos, con delicadeza, lo observa un segundo y me mira a los ojos. No sé qué es lo que ve en ellos, pero es como si los entendiera. Entonces, decidido, lo aprieta con gran fuerza. el dolor es insoportable, sencillamente insoportable. Sus fuertes manos lo trituran, haciendo que ese rubí se convierta en un montón de polvo rojo.
Sólo me queda sonreír, mientras él sostiene el peso de mi cuerpo muerto, y yo, no puedo hacer más que darle las gracias.



Cuentos tristes y escritos absurdos de PandoraHao

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