Plumas de cuervo con tinta de sangre

Caminé por el callejón oscuro, impregnado del particular aroma que ahonda únicamente en aquellos lugares turbios; ese particular aroma a humo de tabaco, opio, cerveza derramada, algo de vino y whisky, no puede faltar la fuerte esencia a orina de ebrio y, sin lugar a dudas, algo de alimentos finamente regurgitados. 

Ya había decidido venir aquí hace mucho tiempo, duré veinte años esperando, mientras él, duró ciento sesenta y cinco años esperando; aunque, para ser sincera, pienso que él no ha esperado a por mí, él ha esperado por su amada meiden; más sin embargo, se encuentra allí, con los ojos oscuros y desligados de vida enredados en el suelo, esperando por ésta cita que traspasa las barreras de la naturaleza humana.

Fue al escuchar mis pasos, al sentir mi presencia que su mirada se levantó, delatando aquél mirar negro similar al que se encontraba en el vacío del despeñadero. Su rostro, tan perfectamente asimétrico e igualmente armónico me sorprende; supongo que siempre lo imaginé en base a una fotografía y tenerlo frente a mí, esperando por mí... Es tan extraño. Al observarme, acomodó cuidadosamente su gazné grisáceo y suspiró. Decidió entonces, saludarme con una leve reverencia. Es, tal vez, demasiado elegante y refinado, e increíblemente, parece demasiado retraído como para considerarse realmente todo un "caballero" en su época.

Retomamos juntos el camino. Yo, algo asqueada por el aroma, mientras que él, parece encontrarse en su cotidianidad. Los pasos en silencio son maravillosos, sin embargo, decido iniciar con  lo que ambos estábamos esperando.

-Es un gusto para mí el finalmente conocerlo - digo vacilando en cómo hablo. Temo que le pueda ofender mi forma de hablarle.

-¿Por qué habría de ser un gusto? - expresa el hombre con tremendo desdén.

-Siempre he admirado lo que usted ha escrito, señor Poe. - el hombre me observa entonces de manera extraña. - ¿Le incomoda que lo admire?

-Para nada. No se preocupe. 

Nos abríamos paso en el escabroso camino, mientras nuestra insulsa conversación continuaba circundando en efímeras palabras.

-¿Imaginó usted que después de ciento sesenta y cinco años de su muerte, la gente lo admiraría tanto?

-No veo por qué admirar a un simple hombre atormentado... para muchos, un simple borracho.

-No lo veo a usted como un simple hombre atormentado... Para mí, usted es un verdadero genio. ¿Cómo lo logró?

-Supondría yo que la genialidad viene con grandes momentos de desesperación. ¿Qué opina usted?

-La desesperación es, sin lugar a dudas, la musa más dolorosa de cargar... - Una fuerte bocanada de ese asqueroso aroma me marea, por lo cual me veo en la obligación de detener mis palabras y toser con fuerza.

-Me llama la atención preguntarle - inquirió el escritor - ¿Cómo es posible que usted, una joven aún con vida, pueda estar aquí conmigo? ¡Es una maravilla que pueda usted hacer semejante acción!

-¿Qué le puedo decir, señor Poe? La maravilla, al igual que la genialidad, viene con grandes momentos de desesperación.

El escritor, entonces, al darse cuenta de la similitud de nuestros pensamientos, mostró una sonrisa ligera, mientras nos sentamos en una de las bancas de esta vieja taberna, listos para tomar un largo trago de ginebra y seguir discutiendo, cómo la desesperación puede llevarnos a las tinieblas de la grandeza.


Cuentos tristes y escritos absurdos de PandoraHao

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