Küss mich

Y con un suspiro, el beso se detiene. Mis manos se vuelven débiles, dejando libre tu cabello; permitiendo que poses tus labios en mi cuello, siento unos besos tan apasionados y agradables, que generan un cosquilleo que recorre todo mi cuerpo. Siento tus manos recorriendo mi cintura, apretando mis muslos, casi aruñándolos. Tomas aire y te levantas del asiento, apretándome fuertemente para no soltarme o dejar que mi peso te gane. Así, tus manos toman mi cuerpo con deseo, mientras que las mías acarician tu cuello, y mi lengua saborea tu piel con lentitud, es algo que, sin duda, ambos disfrutamos. 
Me sientas sobre la blanca mesa, tu mano derecha acaricia mis labios, es lo único que siento, cómo juegas con mi boca en el mismo instante en el cual nuestras miradas se mantienen conectadas; instante en el cual veo tus ojos grandes y brillantes, impregnados de un fuego que genera que mi piel se erice. Yo sólo sonrío. Un frío de hielo inunda mi brazo derecho, intento observar, pero halas mi gargantilla de cuero hacia ti y me muerdes los labios, aún con tu mirada prendida a mí. Entonces, estando concentrada en tu mordidas, escucho un particular sonido cerca a mi estómago, un sonido que una vez más escucho. Mi mirada se dirige hacia el núcleo del ruido, encontrándome con mis manos esposadas, algo que sin duda me toma por sorpresa. Me recuestas sobre la mesa y siento el frío en mis hombros, el cual me obliga a arquear mi cuerpo, lo cual parece divertirte. Aprietas mi cadera y en un rápido movimiento me empujas hacia ti, haciéndome sentir lo que puedo generar en ti.
Te inclinas sobre mí, apretando tu cuerpo contra el mío, sintiendo mi respiración y mi pulso, ambos, acelerados por ti. Te alejas levemente y cubres mis ojos, con la pañoleta. Una pequeña risa sale de mí, hace un momento era yo quien tenía esa pañoleta en las manos; es algo frustrante no poder ver, tampoco poder moverme.

-Du bist meine Sclavin.

Susurras en mi odio. No puedo más que estremecerme, estremecerme por sentir tu respiración y labios, por sentir tu pasión, por sentir cómo apartas mis medias de mí, rápido pero con delicadeza. Luego de eso, siento un extraño cosquilleo por mi cuerpo, puede ser un pincel recorriendo mis rodillas. No puedo quedarme quieta, es una sensación extraña, agradable pero... quiero más. Siento tu mano en mi cadera, siento cómo me das la vuelta; dejando mi mejilla pegada a la mesa, ya no está tan fría. Ahora ese pincel sube por la parte de atrás de mis muslos, jugando donde se encuentran mi bragas. Claramente, quieres escuchar mi voz, por ti y sólo para ti. No puedo dejar de temblar, ya me imagino la sonrisa de placer que tienes ahora. Mi cuerpo se estremece y no puedo evitar zarandearme, generando ésto que poses fuertemente tu mano sobre mi espalda, obligándome a mantenerme quieta. Luego de eso, un golpe plano en mis glúteos; fue con algo frío y liso, una regla, tal vez. El dolor no es intenso, pero genera ardor, un ardor que me obliga a revolcarme de un lado hacia el otro. Un golpe más, entiendo que debo estar quieta para ti. 
Siento cómo juegas en mi entrepierna con un pequeño objeto liso, frío, tal vez metálico; cómo haces que recorra las partes más sensibles de mí, cómo buscas descontrolarme. Con tu meñique, apartas cuidadosamente mis bragas negras de encaje, lo suficiente como para dejar el pequeño objeto metálico descansando en ellas. Es tremendamente frío. De inmediato, me das la vuelta, dejándome boca arriba y entregando un descanso a mi aliento, casi ahogado ante la presión generada por mi propio peso.
Sin imaginarlo, el pequeño objeto metálico empieza a vibrar en mi ropa interior; ¡Dioses! es tan extraño. No es sólo un escalofrío o un cosquilleo lo que ahora recorre mi cuerpo, es un fuego incontrolable, un fuego que me hace arquearme más y más ante el desbordante placer que siento. Te siento sobre mí, siento cómo utilizas mis manos a tu antojo y cómo mis dedos, como hipnotizados por el fuego que nos consume, juegan con las gotas viscosas bajo tus pantalones. Es increíble que pueda hacerlo tan bien, aún cuando mis manos se encuentran esposadas. Mis caderas se mueven en resonancia con la intensidad de lo que siento. Y tú, imaginando ya lo que se avecina, apartas de mí la pañoleta y miras mis ojos, miras cómo mi alma arde.
Escuchas cómo finalmente mi pasión, deseo y placer salen por mi boca, cómo mi voz se quiebra en un débil gemido que termina en un suspiro.
La vibración se detiene, y tú colocas mis brazos por encima mío, haciendo que éstos no eviten la cercanía de nuestros cuerpo. Lames desde mi pecho hasta mis labios. Me hablas suavemente mientras me besas.

-Mit dem letzten Atemzug will ich brennen! 

Mi cuerpo no para de estremecerse, te sigo observando con mis ojos casi totalmente cerrados.

-Ich bin deine Sclavin... denn du bist der Meister.

Por ello, tal vez, sonríes, tomas mi espalda por la cintura y me aprietas contra ti, mientras tu lengua entra en mi boca, jugando con la mía. Ahora entiendo que ésto, no es si quiera un principio.


Palabras sin sentido de PandoraHao

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