Ich will brennen
Me alcanzaste, no lo esperaba, no esperaba que aprisionaras mis brazos a tu merced. No esperaba que tumbaras mi cabeza contra la mesa y me dejaras totalmente inmóvil. Utilizaste mi abrigo, que estaba en mis manos, para amarrarlas brevemente sin lastimarme. Respiro profundo mientras cierro mis ojos, me siento tonta, sé que no debí subestimar tu fuerza, tu voluntad y tu deseo. No puedo ver tu rostro, difícilmente veo las mangas negras de tu camisa y tu largo cabello y, a pesar de eso, sé que estás sonriendo... Tienes el control, tienes el mando.
Siento tu mano recorrer mi espalda, tocando con suavidad los amarres del corsé de mi vestido, buscando el deshacer el nudo que hace un instante hice sin vacilar. Siento tu corazón, tomar nuevamente un ritmo normal después de recuperar el aire que hace un instante te hacía falta, en cambio, el mío empieza a correr más rápido, el mareo que antes tenía regresó y la ausencia de aire me hacen sentir extraña. Siento tu respiración en mi oído derecho, pareces mofarte al verme de esa forma, totalmente indefensa y sumisa. Aún con esa faceta de ternura que te parece tan particular, con un poco de esa hermosa mujer malvada que te interesa. Las dos, en éste momento, subyugadas a tu mandato y orden. Susurras.
-Ich will brennen! Auch wenn danach nur kalte Asche übrig ist.
Te alejas lentamente, no sin soltar mi cuello para mantenerme con el rostro pegado a la mesa, blanca y fría. Pasas tu mano por mis hombros y la parte de mi espalda que se encuentra descubierta, es un tacto frío y delicado; después de eso, palpas mi cintura sobre mi vestido. No entiendo, decides no desatar el corsé, en cambio, tu mano aprieta mi muslo derecho; mides tu fuerza para voltear mi cuerpo sobre la mesa y hacerme verte a los ojos. Nuevamente esa sonrisa de curiosidad; ves en mi rostro terror, incertidumbre, miedo, disfrazados en una mueca de seguridad y tranquilidad. Has aprendido a leerme con tal facilidad, me impresiona y me asusta. Tus manos acarician mi rostro con ternura, peinas mi cabello con tus manos mientras sigo a tu merced. Con tus dedos rozas mi oído derecho, bajas lentamente por mi cuello y te detienes en medio de mis clavículas. Pareces interesado en mis huesos, nada más, sintiendo su profundidad, su forma, su dureza. Regresas a mi boca, acariciándola con los dedos inicialmente, luego, insertando dos de ellos con lentitud. Juegas un poco con mi lengua y te alejas. Mantienes tu sonrisa mientras mi ceño se encuentra ligeramente fruncido.
Bajas el cierre de mis botas y las apartas de mí, eso hace que un espectral frío se apodere de mis piernas. Las aprieto para evitar sentir semejante frío, pero no parece gustarte la idea. Tu rostro se vuelve frío, y con un movimiento rápido de tus manos, alejas mi rodilla izquierda de la derecha. Decides mirarlas por un momento, tal vez, meditando cuál será tu próxima acción. Sonríes y te pones de rodillas. Inicialmente aprietas mis piernas con tus manos, luego asciendes a mis rodillas y finalmente a mis muslos. No te detienes a mirarme, cuando siento tus dientes clavados en mis muslos. Duele, duele mucho, pero no quiero que lo veas, así que simplemente muerdo mis labios, esperando no producir ruido alguno, te das cuenta y muerdes aún más fuerte, no me queda más que estremecerme, es un dolor placentero; pero no estás satisfecho con eso y muerdes con una fuerza increíble mi otro muslo. No puedo de más, por ello, de mi se desprende un ligero gemido ¿Tanto te gusta verme así? Se ve que sí, pues sólo sonríes, te detienes, te colocas de pie y me halas contigo, mientras tomas asiento y me ubicas boca abajo sobre tu regazo. La falda de mi vestido se levanta suavemente, me siento tan vulnerable ante ti. Respiras profundo y, sin imaginarlo, siento un golpe seco en mis glúteos. Otro grito sale de mí y te escucho reír. Repites el proceso y recibo un segundo golpe, mucho más fuerte, así, cuatro veces más hasta que me ves a punto de lágrimas. Entonces, con ternura, acaricias los golpes que me acabas de dar, es un cosquilleo doloroso ¿Es realmente un acto bondadoso? No, pues tu mano me nalguea de nuevo, una y otra vez, sin detenerte ante mis constantes gemidos, sin detenerte al verme romper en llanto. Sólo me ves estremecerme, sabes lo que el dolor produce en mí y eres feliz con ello.
Te detienes finalmente, mientras siento como mi cuerpo me quema, me arde. Me levantas con cuidado y me haces sentarme en tus piernas, mirándote a los ojos. Mi rostro, se encuentra totalmente rojo, mis labios un poco secos, mis pestañas están empapadas y mis ojos brillan más de lo que te podías imaginar. No es una imagen tan mala, a fin de cuentas. Secas mis lágrimas con tus manos, observas mi cabello ligeramente enmarañado, mis brazos aprisionados y la silueta de mi cuerpo. ¿Que es esa sonrisa tierna que se asoma en tu rostro? Agarras mi cabeza, me atraes hacia ti, y rozas mis labios, en principio, con cuidado y delicadeza, más luego, me das un beso tan intenso, tan fuerte, que quiebra cualquiera de mis barreras. Un apasionado beso que veo nunca terminar.
Te detienes y, en un acto inesperado para mí, dejas libres mis brazos. Actúo rápido, tomo tu cabello en mi mano y acerco mi rostro al tuyo, sólo con la intención de susurrar en tu oído.
-Ich will brennen! Selbst, wenn du meinen Namen morgen schon vergisst.
Esta vez soy yo quien te besa, sosteniendo tu cabello con fuerza, mientras mantengo mi cuerpo junto al tuyo. Otro apasionado beso que veo nunca terminar.
Palabras sin sentido de PandoraHao


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