Diario de un miserable: Día 2

Me pregunto ¿Cuál es la magia de la sonrisa de un niño?

Puede tener un mal día, una mala semana, un mal mes, un mal año o una mala vida, pero cuando ves la sonrisa de un bebe, simplemente olvidas toda la basura del mundo que te rodea. Una pequeña sonrisa hacia ti te obliga a sonreír y sin imaginarlo, tú lo estás haciendo sin fingir. Los labios se estiran sin imaginarlo y cualquier rastro de ira o tristeza desaparece, además de eso la hipocresía no se atreve a cruzar los confines de su mundo; un extraño cosquilleo se atraviesa por el estómago y una suave punzada toca tu pecho. Me atrevería a pensar que la magia de esas sonrisas yace en su inocencia. La inocencia de un niño puede poseer un efecto tan impactante en el sistema límbico que puede superar tus pre-conceptos hacia los niños debido a que su inocencia es algo natural, su felicidad de real, no como sucede con la mayoría de sonrisas de adultos.

Es una dulce calma, es un pequeño fragmento de felicidad estar en el abrazo de la persona que amas y ver la sonrisa de un niño. Es una dulce calma que desearías no se acabara jamás.

Pero llega el momento de regresar a la realidad; al lugar donde nadie te escucha, el lugar donde nadie te responde, el lugar en el que cuando estás eres un tormento y cuando no estás, un problema. Tengo que llegar al mismo lugar donde vale más un pedazo de mierda que yo, donde no tienen la malnacida valentía de hablarme de frente si no que me tengo que aguantar los soliloquios arrogantes de los otros. 

Me pregunto ¿Por qué tengo que regresar a éste lugar?

Está mal que tenga mis libros, está mal que yo esté aquí ¿A dónde voy? ¿Qué quieren que haga? No tengo otro lugar a dónde ir, no puedo aún mantenerme completamente sola; pero aún así, lentamente soy yo la que se tiene que ir, soy yo el único problema así haga algo o no lo haga. Quisiera que al menos me escucharan. Que al menos yo tuviera un poco del valor que el espejo de la sala de estar tiene, quisiera ser tan importante como el brillante piso en baldosa, quisiera tener la trascendencia que tiene la estufa o la hoya a presión, quisiera que me apreciaran tanto como al televisor; pero no, no llego a ser tan valiosa como un a partícula de polvo en el aire, pero sí llego a ser tan molesta como carroña en la entrada de la casa.

Al menos, hay un abrazo y una sonrisa que me calman.

Palabras sin sentido de PandoraHao

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